Cierro el libro. Acabo de leer la última página. Por fin me lo he terminado, aunque apenas me ha durado dos días. Me levanto y lo coloco en la estantería de mi habitación junto a Jane Eyre, Hush Hush, Cincuenta sombras de Grey y La chica del tiempo. Son mis libros preferidos y, por eso, tienen un lugar exclusivo. Los otros cientos que me he leido están guardados en cajas en el sótano, porque seguramente jamás volveré a leérmelos. Mientras suena R U Mine? de Arctic Monkeys, me dirijo hacia la cocina para prepararme el desayuno. Un vaso de zumo de naranjas recién exprimido y tostadas de jamón serrano. Lo mastico despacio a la vez que mi mente viaja al futuro próximo. Dentro de unas horas cogeré un avión hacia el infierno.
-Que tenga buen viaje -dice mecánicamente la chica del mostrador de embarque.
Agarro mi maleta y me dirijo hacia el avión. Decido sentarme en la parte trasera y mientras me abrocho el cinturón se sienta a mi lado un chico que parece tener mi edad o, como mucho, dos años más. Lo observo detenidamente mientras él manda sus últimos whatsapp antes de apagar el móvil. Es moreno, ojos verdes, piel pálida y por su rostro hay lunares colocados estratégicamente para hacer de su cara la cosa más irresistible del mundo. Nada mal, pienso.
-Que tenga buen viaje -dice mecánicamente la chica del mostrador de embarque.
Agarro mi maleta y me dirijo hacia el avión. Decido sentarme en la parte trasera y mientras me abrocho el cinturón se sienta a mi lado un chico que parece tener mi edad o, como mucho, dos años más. Lo observo detenidamente mientras él manda sus últimos whatsapp antes de apagar el móvil. Es moreno, ojos verdes, piel pálida y por su rostro hay lunares colocados estratégicamente para hacer de su cara la cosa más irresistible del mundo. Nada mal, pienso.