Me sorprendió el tono áspero y grave de su voz. Parece ser que realmente todo esto no era una broma, así que me asusté y comencé a llorar. Yo hacía todo lo posible por detener esas pequeñas gotas de agua salada que hacían carreras en mis mejillas a ver cuál era la que primero llegaba al suelo, pero eso era una misión complicada, pues siempre fui de lágrimas fáciles. Él, al ver que yo no iba a parar, se enfadó aún más y vi como preparaba su mano para impactarla sobre alguna parte de mi cuerpo. Sin el control de mi mente, mis piernas empezaron a moverse rápidamente huyendo hacia algún lugar seguro.
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