Y mientras miro hacia algún lugar no determinado del horizonte, sé que él me mira con esa cara de idiota enamorado que acostumbra a tener cuando está a mi lado. Y es entonces cuando, aunque sea por un microsegundo, me creo todos y cada uno de los piropos que me repite cada día. Sí, incluido el de hermosa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario