A veces me pregunto qué será de él. Si habrá tirado mis regalos, o los sigue usando, o simplemente los ha guardado en alguno de sus cajones normalmente revueltos.
A veces me pregunto si se acordará de mí y, si es así, cuántas veces al día, o a la semana, o al mes.
Me pregunto de qué manera se acuerda de mí. Si me odia, o me echa de menos, o me sigue amando, o simplemente siente indiferencia hacia mi persona.
Me pregunto qué pensará de mí su familia. Que soy una hija de puta. Bastante probable. Tampoco estoy muy convencida de que no sea así.
Sus amigos. Me mirarán mal al pasar. Normal.
¿Creerá que todos mis sentimientos por él eran mentira? Sería lógico. Pero eso sí que no es verdad. No al menos del todo. Yo le quise. Muchísimo.
Pero tengo que admitirlo. Siempre había un recoveco de mi corazón que se negaba a quererle para toda la vida. Había un recoveco en mi cerebro que me decía que había más cosas allá afuera. Él no estaba mal. Nada mal. Pero...ansiaba más, quería más, buscaba más, necesitaba más.
¿He logrado ese más? Sí. Completamente. Definitivamente.
¿Hay ahora algún recoveco? No. Seguro. Está todo lleno. Lleno de amor, de ilusión, de energía, de esperanzas, de ganas, de felicidad.
Aunque me dé vergüenza admitirlo, ahora sí que siento que realmente estoy con quien quiero estar. Me siento exitosa.Afortunada.Siento que las demás deberían tenerme envidia.
Es como en las pelis: la fea del instituto consigue al jugador de rugby cañón y popular. Tal cual.
¿Por cuánto tiempo? Quién sabe. Puede que poco. O quizás mucho. Eso ya depende de él.
¿Lo que yo quiero? Para el resto de mis días.
¿Lo conseguiré? Ya lo escribiré.
A veces me pregunto si se acordará de mí y, si es así, cuántas veces al día, o a la semana, o al mes.
Me pregunto de qué manera se acuerda de mí. Si me odia, o me echa de menos, o me sigue amando, o simplemente siente indiferencia hacia mi persona.
Me pregunto qué pensará de mí su familia. Que soy una hija de puta. Bastante probable. Tampoco estoy muy convencida de que no sea así.
Sus amigos. Me mirarán mal al pasar. Normal.
¿Creerá que todos mis sentimientos por él eran mentira? Sería lógico. Pero eso sí que no es verdad. No al menos del todo. Yo le quise. Muchísimo.
Pero tengo que admitirlo. Siempre había un recoveco de mi corazón que se negaba a quererle para toda la vida. Había un recoveco en mi cerebro que me decía que había más cosas allá afuera. Él no estaba mal. Nada mal. Pero...ansiaba más, quería más, buscaba más, necesitaba más.
¿He logrado ese más? Sí. Completamente. Definitivamente.
¿Hay ahora algún recoveco? No. Seguro. Está todo lleno. Lleno de amor, de ilusión, de energía, de esperanzas, de ganas, de felicidad.
Aunque me dé vergüenza admitirlo, ahora sí que siento que realmente estoy con quien quiero estar. Me siento exitosa.Afortunada.Siento que las demás deberían tenerme envidia.
Es como en las pelis: la fea del instituto consigue al jugador de rugby cañón y popular. Tal cual.
¿Por cuánto tiempo? Quién sabe. Puede que poco. O quizás mucho. Eso ya depende de él.
¿Lo que yo quiero? Para el resto de mis días.
¿Lo conseguiré? Ya lo escribiré.
No hay comentarios:
Publicar un comentario