Hay días en los que, simplemente, me apetece estar sola. Es más, creo que es necesario estar solos durante un periodo de tiempo para reflexionar, tomar desiciones, relajarse y para darse cuenta de que los problemas no son tan graves como creemos. Por eso, ayer fui a la playa. Sola. No para bañarme, sino para pasear por la avenida y sentarme en un banquito a comtemplar las olas. Mucha gente me llamó "loca" por querer estar sola, pero la verdad es que pasé uno de los momentos más agradables de mi vida.
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